Después de tres intensos días de festejo familiar con motivo de Fiestas Patrias en Chile, aún sintiéndome satisfecha del asado, las empanadas y cuanta comida típica hubo por esos días, sintiendo aún el hedor a cebolla en el ambiente (pese a todos los esfuerzos por hacerlo desaparecer al ventilar), habiendo vivido la alegría y el caos familiar que todos los años experimentamos.
Ya cuando no había conflicto, ni tentación, ni desafío, ni gritos de niños, por un instante, hubo en mí una sensación de haber conquistado un momento de tregua conmigo misma, no importaba en esos momentos el haber aumentado tres kilos con tanta comida, ni tampoco importó la foto a pleno sol que delataba mis arrugas, tampoco haber recordado a un viejo amor que por estos días estuvo de cumpleaños y de paso comparar a la antigua Faby con la actual, en todos los ámbitos físicos de la vida, algo no muy inteligente de mi parte, pero lo atribuyo al exceso de carne comida, que suele ponerme un poco bestia, pero en fin, por un instante me dije a mi misma…relájate, es momento de vivir la vida como quieres y deseas, basta de justificaciones y sólo decídete a volar, cambia la piel, desecha este disfraz y dale el color que realmente luces por dentro…por cierto que este sería el mejor regalo que te podrías hacer antes de cumplir 40 años.
En ese estado me encontraba cuando se me ocurrió encender el televisor y lo primero que veo es el Concurso de Miss Universo.
La última vez que vi este programa era yo una adolescente y nuestra representante, Cecilia Bolocco, salió coronada como reina. Después de eso, nunca más vi el programa, nunca más me hice el tiempo para verlo y justo en ese momento, de extrema coyuntura conmigo misma, al menos con la del cuerpo físico, aparece esto…¿Porqué me estaba ocurriendo esto, justo ahora?, ¿acaso me estaba saboteando al buscar razones para autocompadecerme?.
Como creo que nada en la vida es una casualidad, me armé de valor y paciencia para seguir el programa y contemplar a esas chicas tan jóvenes, hermosas y excesivamente delgadas que les daba un aspecto muy de niñas y que me hicieron recordar la época en que yo recién despertaba a la vida. Estaba segura que algo debía rescatar de esa época, para haber hecho resonancia con tal intensidad.
De pronto una entrevista captó mi total atención, una señorita atípica, con cuerpo de mujer, exhuberante, negra, de una belleza que trasciende y absolutamente agradable a los sentidos, es decir, muy sensual.
“Si pudiera cambiar algo de tus características físicas”, le preguntó el juez designado, “¿Cuál sería y por qué?”
Después de permanecer bajo la lupa de millones de personas, esta belleza de 25 años y 1.79 de estatura, tenía que contemplar públicamente si ella estaba lo suficientemente bien físicamente…la misma pregunta que me estaba haciendo yo…¡qué increíble!
Su respuesta fue rápida: “Gracias a Dios, me siento muy satisfecha con la forma en que me hizo Dios, y no cambiaría nada. Me considero una mujer dotada de belleza interior… Adquirí principios maravillosos de mi familia, y planeo seguirlos por el resto de mi vida. Y ahora me gustaría darles un consejo a todos ustedes: respetémonos unos a los otros”.
La pregunta está dentro del estándar para un concurso de este tipo y la verdad es que no importaba en ese momento la pregunta, de haber sido otra, lo que realmente logró percibirse con una vibración notoriamente más alta y definitivamente distinta, fue la respuesta de esta jovencita, asombrosamente en armonía…de seguro que no come carne.
…y eso me llevó a pensar en el concepto de madurez y de plenitud:
1.- Nada tiene que ver con el físico, dado que el cuerpo es maleable y se transforma en la medida de nuestros intereses, pensamientos, ideas y entorno, pues es reflejo de lo que estamos viviendo externamente y no es reflejo de lo que somos.
2.- Cuán difícil ha de ser la vida sin valores ni principios basados en el Amor.
3.- Si no fuera por la diversidad que he descubierto en mis amigos, en mi familia, en mis parientes, en mis amores, en mis compañeros de colegio, de universidad, de trabajo, etc., jamás habría tenido la oportunidad de aprender la tolerancia, el respeto y la aceptación…aunque admito que debo trabajar la incondicionalidad.
4.- Y eso último tiene que ver con buscar a quienes Amar, que quieran ser Amados y que estén dispuestos a Amar.
5.- Vivir intensamente cada momento como si fuese el último de tu vida.
6.- Resiliencia, para aceptar las pérdidas y asumirlas como oportunidades de cambio.
7.- Dejar de comer carne…definitivamente!.
Estoy segura que esta será una gran semana, presiento que en mí germina una semilla fundamental…
Por cierto, la chica de quien hablaba es Miss Angola, quien resultó ser finalmente coronada Miss Universe 2011. Les dejó el video con la entrevista que le hicieron.
Con cariño,
Fabiola.